martes, 30 de diciembre de 2008

EL FASCINADOR, de Andrew York (Aura)

Título: El fascinador
Autor: Andrew York (seudónimo de Christopher Nicole, 1930-)
Título original: The fascinator 
(1975) \ Nº 9 en la serie "Jonas Wilde"
Traducción: Aurora Rodríguez
Cubierta: Fermí Carré
Editor: Aura (Barcelona)
Fecha de edición: 1977
Serie: Aura literaria
ISBN: 978-84-214-0199-6 (84-214-0199-8)

Depósito legal: B. 32.772-1977
Estructura: 2 partes, divididas cada una en 5 subpartes, con distinta cantidad de capítulos
Información sobre impresión:
Impresión: Márquez, S.A. Ignacio Iglesias, 26 - Barcelona

Información de solapas:
Entre los diversos géneros literarios, sigue siendo el de mayor audiencia y consumo el referido a la aventura policíaca. No es una casualidad que los mayores éxitos cinematográficos y las series televisivas, en todo el mundo, se basen en obras o guiones cuyos autores son especialistas en tal clase de literatura, cuyo proceso de adaptación a las formas y estilos de vida que actualmente nos rodean ha culminado unas etapas en las que las figuras de los personajes y sus condicionamientos han variado según las épocas, manteniendo, empero, un interés por el desarrollo de la intriga y la acción, pero conservando un paralelismo entre los diversos personajes de antaño se hicieron célebres por sus aventuras con los que hoy se crean constantemente con nuevas imágenes y medios más modernos. La serie que desarrolla Andrew York es actualmente una de las más celebradas en el mundo anglo-sajón. Sus personajes poseen un estilo actual y se hallan envueltos en las más originales situaciones creadas por la comisión de crímenes, en las que los ingredientes de la pasión por el poder, la ambición económica y la satisfacción del instinto sexual son factores determinantes de un tramado argumento que cautiva al lector colmándole de satisfacción.

MI COMENTARIO:
Muy buena novela de intriga y acción. Jonas Wilde es un agente alejado del mundo del espionaje, dedicado a la bebida. Es reclutado (obligado, en realidad) por agentes que trabajan para Israel, con el siguiente objetivo: incorporarse a la tripulación del barco de lujo de un príncipe árabe, y descubrir quiénes han estado intentando asesinarlo. Acompañado por una bella agente que ya conocía, Wilde va descubriendo que se encuentra al borde de una trampa... La historia toma un giro inesperado y las situaciones comienzan a complicarse. Jonas Wilde demuestra entonces que cuenta con la experiencia, la fuerza física y la valentía para enfrentarse al peligro, tanto el de la naturaleza salvaje de las costas de Córcega, como el que le presenta una red de implacables asesinos profesionales. Hay dosis interesantes de sexo, en parte descrito, en parte sugerido. La novela tiene un espíritu "bondiano", sobre todo por la tensión que vive Wilde cerca del final de la historia, similar a la que Fleming sometía a James Bond. Interesante lectura para unas vacaciones en la playa o, mejor, en un buen yate.

lunes, 15 de diciembre de 2008

EL ULTIMO MANDARIN, de Stephen Becker (Pomaire)

Título: El último mandarín
Autor: Stephen Becker (1927-1999)
Título original: The last mandarin (1979)
Traducción: Eduardo Goligorsky
Cubierta: Rolando & Memelsdorff
Editor: Pomaire (Barcelona)
Fecha de edición: 1981

ISBN: 978-84-286-0607-3 (84-286-0607-2)
Depósito legal: B. 1034-1981
Estructura: 41 capítulos
Información sobre impresión:
Printed in Spain
Fotocomposición TECFA
Guipúzcoa, 36 / Barcelona-20
Impreso por Printer industria gráfica sa
Provenza, 388 Barcelona-25
Sant Vicenç del Horts 1981

Información de contracubierta:
Una trama llena de acción y unos personajes convincentes en un Pekín desquiciado por la guerra.

Información de solapas:

Jack Burnham -ex oficial del ejército, ex guerrillero, ex cristiano y rebelde por convicción- vuela a Pekín para investigar el paradero de un criminal de guerra japonés llamado Kanamori Shoichi, oficial del ejército que se distinguió por su sadismo durante la toma de Nankín.
Con Pekín a punto de ser ocupado por el Ejército Rojo, Burnham, que nacido en Japón y educado en China, habla ambos idiomas con fluidez, apenas consigue mantenerse con vida en un mar de intrigas cuyas corrientes submarinas lo desconciertan. Se encuentra con algunos de sus viejos amigos como Sea Hammer, con el que había luchado en Manchuria durante la Segunda Guerra, la tía Chi, una especie de reliquia que a los ochenta años aún no ha sabido darse cuenta de la inutilidad de sus actividades ilícitas. Pero también hace algunas nuevas amistades como Head Beggar, que dirige el submundo de Pekín y que curiosamente le ha tomado simpatía. También surge un problema mucho más serio que la búsqueda de Kanamori: una hermosa y despierta doctora china a la que propone matrimonio en cuestión de horas.
Finalmente Burnham encuentra a Kanamori, pero también descubre que los seres humanos rara vez son lo que parecen, que el bien y el mal pueden ser confundidos fácilmente, que la venganza no compensa y que lo que no se hace por amor no vale la pena.


MI COMENTARIO:
Corre el año 1949. Es invierno en China. Un militar norteamericano, Jack Burnham, recibe la orden de entrar a Pekín, localizar y llevarse a un criminal de guerra japonés, condenado a muerte por ser autor de las peores barbaridades durante la ocupación japonesa. Esta búsqueda se realizará en el peor escenario: la guerra civil entre comunistas y nacionalistas chinos.
Esta novela es soberbia. Burnham es un personaje impresionante: vital, atolondrado, humorista, inteligente, crítico, seductor. La misión es todo menos previsible, hasta hay lugar para el flirteo y el amor, en medio de un ambiente peligroso, onírico. Puede decirse tranquilamente que El último mandarín se inscribe dentro de la gran sátira norteamericana, junto a las obras de un Kurt Vonnegut, por ejemplo. Pero hay un capítulo, el nº 7, que se roba la atención del relato: en tres páginas, Becker describe la toma de Nankín de 1937. La crueldad sin límites de los soldados japoneses queda expuesta en toda su realidad. Semejante brutalidad ha llevado que, hasta hoy en día, Japón se niegue a reconocerla y evite cualquier pedido de perdón.
Recomiendo El último mandarín con todas mis fuerzas: bien merecería una reedición, como el resto de la obra de Stephen Becker, un autor injustamente olvidado.