Título: Hospital General del Este
Autor: Frank G. Slaughter (1908-2001)
Título original: East Side General (1962)
Traducción: Mercedes
Rubio
Cubierta: Jaime
Fernández (diseño); Super Stock (foto)
Editor: Plaza
& Janés Editores (Barcelona)
Edición: 1ª ed.
Fecha de edición: 1998-10
Descripción física: 397, 2 p.; 11,5x18 cm.
Serie: Jet #371/4
ISBN:
978-84-01-47269-5 (84-01-47269-5)
Depósito legal: B.
39.816-1998
Estructura: cita, 3
partes (15, 17 y 10 capítulos), [“Biblioteca de autor de Ken Follett”]
Información sobre
impresión:
Fotocomposición: Zero pre impresión, S.L.
Impreso en Litografía Rosés, S.A.
Progrés, 54-60. Gavà (Barcelona)
Información de
contracubierta:
En Nueva York, el cirujano Andrew Grey lucha por salvar la vida de un niño y la de un hombre aquejado de extrañas quemaduras a raíz de una misteriosa explosión. Durante la investigación Grey descubre que un peligroso material radiactivo ha sido sustraído del hospital por un grupo pronazi. Y desde ese momento se inicia una carrera contra el tiempo para evitar una catástrofe que puede costar miles de vidas humanas...
Frank G. Slaughter obtuvo un notable éxito con su serie de novelas de temática médica en tiempos de guerra. Sus amplios conocimientos de medicina así como su experiencia en el frente le permitieron crear tramas y personajes de hondo contenido humano.
NUEVA YORK AL BORDE DEL CAOS
MI COMENTARIO:
Esta es una novela del tipo Gran Hotel, con un ente (en este caso un gran hospital neoyorkino) donde se cruzan muchos protagonistas con sus propias historias. Aquí una de ellas es de interés para el espionaje. Dos cuerpos gravemente quemados, uno muerto, otro en estado terminal, son encontrados por un policía en un almacén abandonado; ambos presentan una elevada radioactividad. Van apareciendo varios personajes que cruzarán sus destinos en el Hospital General del Este: su director Martin Ash; Dale Eston, jefe del departamento de patología; el cirujano Andy Gray, que interviene al moribundo (lo disecciona para las pruebas de rastreo de su situación y para evitar la descomposición del resto del cuerpo, ya que si sobrevive, podrá testificar sobre lo ocurrido); Pete Collins, reportero del Chronicle; el doctor Anton “Tony” Korff, que revela a los lectores su secreto pasado nazi en la Munich de los años ’30 y ’40, mientras sueña con encabezar un nuevo movimiento de dominación mundial; varias enfermeras; y finalmente el inspector Hurbut, cuya presencia indica que el caso de los dos quemados es de suma importancia. Ante las sospechas de Collins, avisa que Washington está resuelto a impedir que se hable libremente de la cuestión. Aparece en escena la defensa del interés nacional. Hurbut ordena a Collins que informe los hechos de forma tergiversada, para de esa manera llamar la atención del responsable del producto que originó la tragedia y facilitar su captura.
Autor: Frank G. Slaughter (1908-2001)
Fotocomposición: Zero pre impresión, S.L.
Impreso en Litografía Rosés, S.A.
Progrés, 54-60. Gavà (Barcelona)
En Nueva York, el cirujano Andrew Grey lucha por salvar la vida de un niño y la de un hombre aquejado de extrañas quemaduras a raíz de una misteriosa explosión. Durante la investigación Grey descubre que un peligroso material radiactivo ha sido sustraído del hospital por un grupo pronazi. Y desde ese momento se inicia una carrera contra el tiempo para evitar una catástrofe que puede costar miles de vidas humanas...
Frank G. Slaughter obtuvo un notable éxito con su serie de novelas de temática médica en tiempos de guerra. Sus amplios conocimientos de medicina así como su experiencia en el frente le permitieron crear tramas y personajes de hondo contenido humano.
NUEVA YORK AL BORDE DEL CAOS
Esta es una novela del tipo Gran Hotel, con un ente (en este caso un gran hospital neoyorkino) donde se cruzan muchos protagonistas con sus propias historias. Aquí una de ellas es de interés para el espionaje. Dos cuerpos gravemente quemados, uno muerto, otro en estado terminal, son encontrados por un policía en un almacén abandonado; ambos presentan una elevada radioactividad. Van apareciendo varios personajes que cruzarán sus destinos en el Hospital General del Este: su director Martin Ash; Dale Eston, jefe del departamento de patología; el cirujano Andy Gray, que interviene al moribundo (lo disecciona para las pruebas de rastreo de su situación y para evitar la descomposición del resto del cuerpo, ya que si sobrevive, podrá testificar sobre lo ocurrido); Pete Collins, reportero del Chronicle; el doctor Anton “Tony” Korff, que revela a los lectores su secreto pasado nazi en la Munich de los años ’30 y ’40, mientras sueña con encabezar un nuevo movimiento de dominación mundial; varias enfermeras; y finalmente el inspector Hurbut, cuya presencia indica que el caso de los dos quemados es de suma importancia. Ante las sospechas de Collins, avisa que Washington está resuelto a impedir que se hable libremente de la cuestión. Aparece en escena la defensa del interés nacional. Hurbut ordena a Collins que informe los hechos de forma tergiversada, para de esa manera llamar la atención del responsable del producto que originó la tragedia y facilitar su captura.
Poco después internan a Bert Rilling, un importante empresario cervecero, a quien operan y la salvan la vida. En Nueva York crece el miedo a que una bomba atómica de acción retardada explote en algún lugar la ciudad, causando una matanza masiva. El doctor Easton, en acuerdo con Hurbut, realiza el análisis de los tejidos quemados para determinar el producto involucrado. Durante casi toda la novela la opinión pública teme que agentes extranjeros están manipulando tóxicos radioactivos para una inminente destrucción de la ciudad.
El inspector vuelve al hospital acompañado de Dom Saunders, agente del FBI, a ver a Martin Ash: ante los rumores de un asesino atómico suelto en la ciudad, deciden usar al hospital para atraerlo con la posibilidad de matar al sobreviviente del ataque. También informa que fueron robados productos radioactivos, que estaban siendo transportados por camiones, seguramente para ser exportados ilegalmente; el FBI está buscando descubrir a los traficantes. Ash acepta difundir que el paciente puede hablar en cualquier momento si se recupera satisfactoriamente.
Tony Korff cree reconocer a Rilling. El cervecero lo salvó de la muerte en Berlín en los años ’40. Su verdadero nombre es Kurt Schilling, entonces jefe del hampa berlinés, quien lo tomó como matón. Sabía que estaba en EEUU, convertido en empresario. Korff logra escuchar las últimas palabras del moribundo quemado, “Silver Cap”, antes de morir; es el nombre de la cerveza de Rilling. Conecta estos detalles con el hecho de que las manchas de los dedos del cervecero y las quemaduras del muerto parecen producidas por el mismo producto químico. Evidentemente, Rilling tuvo que ver con la quemazón de los dos hombres. Resuelve sacar provecho de la situación.
Una vez despierto, Rilling rápidamente reconoce a Korff, observando satisfecho que ha sobrevivido como una rata de cloaca. Recuerda que presenció cuando la botella con la peligrosa sustancia química cayó en su almacén quemando a los dos operarios, y cómo la manipuló, manchándose las manos; al llegar a su despacho, se desplomó en el piso. Rilling se presenta como un poderoso traficante internacional, con fuertes contactos con el Bloque del Este al cual ha surtido de productos estratégicos que ponen en peligro la seguridad de EEUU y Occidente. Debe enviar pronto la botella de plomo con el producto secreto, sino su imperio puede derrumbarse. Piensa que Korff puede ayudarlo.
Desde Washington llega la orden de informar la muerte del segundo operario, para evitar que sus aliados geopolíticos se inquieten ante posibles fugas de materias químicas radiactivas hacia sus enemigos, que intentarían volar el hospital para ocultar su identidad. Easton descubre que el producto no es radioactivo pero sí un poderoso químico que podría utilizarse en algún tipo de arma desconocida.
Korff investiga el pasado de Rilling en los archivos del Chronicle. Empezó su carrera empresarial con dinero nazi. Se retiró de Alemania antes de la guerra y cultivó en Nueva York un halo de buen ciudadano. Se metió en política, a pesar de estar involucrado en casos de tráfico de drogas y agentes soviéticos. Korff sabe que el movimiento nazi sigue actuando en secreto, y que muchos de sus integrantes trabajan para la Unión Soviética, esperando una nueva oportunidad. Rilling podría ser uno de ellos. Collins ve al médico retirarse del Chronicle; sospecha que su visita está relacionada con el caso de las quemaduras.
Korff vuelve al hospital y habla con Rilling. Repasan el pasado y acuerdan el futuro. Korff le recuerda sus negocios sucios y se ofrece para trabajar para él nuevamente. Rilling le indica dónde está la caja fuerte con la botella de plomo, la cual debe entregar al capitán del barco que la llevará a su cliente en Europa oriental. Acuerda repartir el pago luego de la entrega, pero su socio lo mata inyectándole burbujas de oxígeno en la sangre.
Korff va a la fábrica de cerveza, que se encuentra cerca del hospital, con las llaves para abrir el despacho de Rilling. Con el dinero del pago, piensa establecer su propio consultorio, que imagina de fama mundial. Rodeado por la policía gracias al aviso de Collins, intenta esconder la botella en un barril, pero su rotura produce una serie de explosiones que lo mata y destruye la fábrica y gran parte de sus alrededores. Martin Ash impone un plan de evacuación parcial de los internos y pacientes del hospital, ante su destrucción parcial.
Hospital General del Este termina de forma melodramática, muy en el estilo de las novelas multilineales, con gente cruzando sus destinos en el marco de un espacio edilicio determinado. En mi caso, me conecté con la confluencia de Korff y Rilling, y deseché la mayor parte del resto.
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