miércoles, 27 de mayo de 2026

EL DR. TEMBLOR, de Richard Sapir y Warren Murphy (Fiesta)

Título:
El Dr. Temblor
Autores: Richard Sapir (1936-1987), Warren Murphy (1933-2015)
Título original: Dr. Quake (1975) \ N° 5 en la serie “Remo Williams, el Destructor”
Traducción: Margarita O. Castro
Editor: Libros Fiesta (Miami)
Edición: c1974
Descripción física: 157, 3 p.; 10,5x17,5 cm.
Serie: Colección Compadre #405-C. Serie El destructor #5
ISBN: 978-0-88473-405-5 (0-88473-405-6)
Estructura: 26 capítulos
Información sobre impresión:
Impreso en los Estados Unidos de América.
 
Información de cubierta:
¿Podrá Remo Williams, el arma humana perfecta, salvar a California de un desastre geológico?
 
Información de contracubierta:
¿DE QUIEN ES LA CULPA?
¡No va a ser de Remo Williams, no importa lo que el Dr. Temblor y la Madre Naturaleza le tengan reservado!
Allá en California hay una grieta en la corteza terrestre que se conoce como la Falla de San Andrés. De vez en cuando, esta grieta se afloja con un fenómeno conocido como terremoto. Y una vez cada doscientos argos este terremoto es gigantesco y causa millones de dólares de pérdidas y muchas muertes.
¡Pero ésa es la Madre Naturaleza!
En eso interviene un genio geológico que se llama Forben. Le dicen el Dr. Temblor. ¡Parece que ha inventado una máquina increíble capaz de disminuir o de evitar los temblores y los terremotos! ¡Y a la inversa, él y su aparato pueden acelerar o provocar terremotos!
Otro regalo de la Madre Naturaleza, Remo Williams, es asignado para que se asegure de que nada de esto ocurra.
Son los provocadores de terremotos contra el Destructor. Es un encuentro de fuerzas espeluznantes.
 
Información de la página 1:
El Doctor Harlod W. Smith, director de CURA, jugaba con un corta papeles mientras escuchaba a Remo.
—Está bien— dijo. —Yo comprendo. ¿Tienes alguna pista? ¿Cualquier cosa?
—Nada. Creo que la máquina del doctor Temblor está detrás de todo esto. ¿Pero qué hay acerca del millón?
—Quédate donde estás— dijo Smith. —Yo te volveré a llamar.
Chantajear al gobierno. Era inconcebible.
Pero el deber requería que él le diera el mensaje al Presidente. Era una decisión que sólo él podía tomar.
En Washington el Presidente cogió el teléfono secreto y escuchó mientras Smith le explicaba las circunstancias.
El Presidente reaccionó inmediatamente.
—Mi decisión es ésta: Pagaremos el millón de dólares.
—Como usted guste— dijo Smith. Colgó el auricular y llamó a Remo Williams. El Presidente estaba equivocado. No debía pagar.
ERA UN TRABAJO PARA EL DESTRUCTOR.

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