jueves, 16 de septiembre de 2010

LA ESPIA QUE VESTIA DE ROJO, de Aline, Condesa de Romanones (Ediciones B)

Título: La espía que vestía de rojo

Autor: Aline, Condesa de Romanones (1923-)

Título original: The spy wore red (1987)

Traducción: Esteban Riambau

Editor: Ediciones B (Barcelona) ; Grupo Editorial Z (Buenos Aires)

Edición: 3ª ed.

Fecha de edición: 1988-11

Ediciones anteriores: 1ª ed.: 1987-11 ; 2ª ed.: 1988-11

Serie: Éxito internacional #7

ISBN: 978-950-699-006-0 (950-699-006-9)

Estructura: 1 prólogo, 30 capítulos, 1 epílogo

Información sobre impresión:

Impreso en Verlap S.A.

Vieytes 1534, 1275, Buenos Aires (República Argentina)


Información de contracubierta:

Todo espía de guerra debe tener dios precauciones constantes: conseguir la mayor cantidad posible de información y salvar su propia vida. Pero Aline, Condesa de Romanones, tenía otra aún más grave: descubrir quién era el topo infiltrado en los servicios secretos norteamericanos. Podía ser cualquiera, desde su propio jefe hasta el hombre del que se había enamorado.

En su búsqueda, Aline no se paró ante nada: fue testigo presencial de un intento de asesinato contra Franco, desenmascaró la red de espionaje de Himmler en España, montó una cadena de espías en Madrid, participó en las operaciones paralelas a la invasión de Francia, fue pieza clave en la guerra de desinformación contra los alemanes... y sobrevivió para contarlo.

Leyendo esta novela se constata que esa supervivencia no fue nada fácil. Bajo la tapadera de un supuesto trabajo en una multinacional norteamericana, Aline (alias “Tigre”) logró infiltrarse en la alta sociedad madrileña para enterarse de quién había matado a quién, o quién estaba traicionando a quién. Y lo cierto es que en un país como España y en plena Guerra Mundial, los crímenes y traiciones no escaseaban.

Un testigo de excepción para una época excepcional: Aline, Condesa de Romanones, nos cuenta la historia secreta del mundo occidental durante la II Guerra Mundial.


Información de solapas:

Aline era una joven estadounidense con una ventaja invalorable: su singular belleza, que le permitía trabajar como modelo. Pero su deseo de pasar por auténticas aventuras no encajaba con el mundo acomodaticio de la moda. Cuando la casualidad puso en sus manos la posibilidad de trabajar como agente en el extranjero para la OSS (Oficina de Servicios Secretos), no tuvo ni un instante de duda.

Tras el entrenamiento de rigor en una granja especializada, un aeroplano la dejó un buen día en Portugal. La entonces todavía inexperta Aline no podía ni imaginar que la vida que le esperaba iba a calmar, casi con exceso, su deseo de riesgo y aventura. Pero su particular bautismo de fuego no tardó en llegar; la primera noche, cuando estaba esperando que la pasaran a España, tuvo que presenciar un asesinato en el casino de Estoril. La imagen de aquel hombre con el pecho atravesado por un cuchillo habría de quedar grabada en su mente durante mucho tiempo.

Pronto hubo otras experiencias, algunas incluso más fuertes, que requerían toda su atención. No en vano, España era uno de los centros clave de la OSS para el cúmulo de informaciones secretas que la guerra generaba. El interés que tanto los alemanes como los aliados tenían por España es ya un hecho históricamente demostrado. Lo que no sabíamos hasta ahora es que ese interés se traducía en una presencia numerosa de espías en nuestra capital. La espía que vestía de rojo, además de hacernos vivir la emoción del riesgo constante, nos da una dimensión nueva de la historia secreta del mundo occidental.

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