Título: Olimpíada en Moscú
Autor: Dick Francis (1920-2010)
Título
original: Trial
run (1978)
Traducción: Diana Trujillo
Editor: Emecé Distribuidora (Buenos Aires)
Edición: 1ª ed.
Fecha
de edición: 1980-07Descripción física: 201, 6 p.; 11x18,5 cm.
Serie: El séptimo círculo #333 \ Colección creada por Jorge Luis Borges y
Adolfo Bioy Casares; dirigida por Carlos V. Frías
Estructura: “Noticia” sobre el autor, 19 capítulos
Información
sobre impresión:
Buenos Aires, julio de 1980 Primera edición: 11.000 ejemplares
Editor y distribuidor:
Emecé Distribuidora, S.A.C.I.F. y M. - Alsina 2062, Bs. As.
Impresor:
Compañía Impresora Argentina, S.A. - Alsina 2049, Bs. As.
Información
de contracubierta:
Randall
Drew, famoso jockey de carreras de obstáculos, ve truncada su serie de triunfos
por fallas en la vista.
Es
entonces abordado para llevar a cabo una delicada investigación en Rusia,
relacionada con la posible participación de un noble inglés y excelente jockey
en la controvertida Olimpíada de Moscú de 1980. Diversas presiones logran que
se haga cargo del caso, pese a sus deseos de quedarse en Inglaterra junto a la
mujer que ama.
En Rusia
se suceden los riegos, las intrigas y los atentados para que el jockey no
llegue a integrar la delegación olímpica inglesa, con la amenaza, además, de un
escándalo de proporciones que podría llevar a conflictos diplomáticos
imprevisibles.
Dick
Francis da una nueva prueba del dominio en el manejo de la intriga, como
mostró, en su momento, el dominio en el manejo de los pura sangre,
pertenecientes a la caballeriza de Su Majestad, la Reina de Inglaterra.
“Noticia”:
Dick
Francis sintió siempre gran amor por los caballos, a los que dedicó todo su
tiempo, con una larga interrupción de seis años, en los que prestó servicios en
la Real Fuerza Aérea, durante la Segunda Guerra Mundial. A su término, dejó los
aviones y volvió a su labor favorita. Primero fue jockey amateur, después
profesional y por último jockey oficial de la Reina Elizabeth, durante cuatro
años.
Desde
1957 es corresponsal del “Sunday Express”. En Inglaterra es considerado como
uno de los mejores escritores de novelas policiales. En 1970 obtuvo el Premio
Edgar Allan Poe. Vive con su familia en Londres. Lleva publicados más de una
docena de libros, entre ellos Knock Down1 e In the Frame2.
1 Golpe final (Colección Séptimo Círculo, Nº 296).
2 En el marco (Colección Séptimo Círculo, Nº 319).
MI COMENTARIO:
La historia empieza en los meses previos a las
Olimpiadas de Moscú de 1980. Johnny Farringford, cuñado del Príncipe de
Inglaterra, quiere participar en las pruebas hípicas de dichos juegos. Sin
embargo, se ve involucrado en la extraña muerte de un deportista alemán que,
antes de morir, pronuncia el nombre “Alyosha”. El Príncipe, al sospechar la
existencia de una amenaza proveniente de la URSS, y para evitar problemas a su
pariente y a la Corona, recurre personalmente a Randall Drew, un experto jinete
retirado de la actividad por problemas de visión. Drew debe ir a Moscú para
averiguar quién es Alyosha y desentrañar el peligro que se cierne no sólo sobre
Farringford, sino también sobre la participación británica en la cita olímpica.
Ya en Moscú, Drew se ve inmerso en la
confusión total con la materia de su investigación. Nadie sabe quién es
Alyosha. De manera paulatina, va conociendo la vida en la dictadura comunista,
vida bajo un férreo control y la permanente desconfianza hacia los extranjeros.
De pronto, empiezan los intentos de disuasión primero y de asesinato después:
Drew llega a la conclusión que un poder oscuro, el terrorismo internacional,
está detrás de los mismos, y que pretende atacar a todos, estén del lado que
estén de la Cortina de Hierro.
La trama está bien, es el viejo juego de
confundir al protagonista hasta que una oportuna anotación en un papel termina
por resolver todos los enigmas. Drew es inteligente, atento, activo, a pesar de
sus falencias en la vista y los pulmones, que le generan un riesgo constante.
Donde la novela gana en altura es en la descripción de Moscú, de su geografía y
sus habitantes. Francis da cuenta de la opresión, del miedo, de los constantes
cuidados que deben tener tanto ciudadanos como turistas. El espionaje interno
es permanente. En este sentido, no tiene dudas de oponer la situación rusa a la
occidental y apoyar a esta última, a pesar de sus propios problemas. En un
punto del relato, Drew se da cuenta que los que atentan contra su vida no
pueden ser rusos, y llega a esa conclusión reflexionando sobre la falta de
pasiones que observa en ellos: los hijos de una Revolución violenta adoptaron
al conformismo extremo como forma (y garantía) de vida.
Frente a ellos están los terroristas. Por
intermedio de una estudiante alemana, Drew se entera de la existencia de
Wolfgang Huber, un médico de la Universidad de Heidelberg (Alemania
Occidental), que en los años setenta practicaba el siguiente método: trataba a
jóvenes conflictivos, provenientes de familias acomodadas, a través de la
“terapia del terrorismo”, enseñándoles que, para recuperarse, debían destruir
el mundo de sus padres. Drew vierte sobre ellos una cruda opinión:
“El
desprecio natural de la juventud por el desastre en que sus mayores
convirtieron al mundo se había vuelto rencor, deseo de castigar con violencia
al objeto de desprecio. La muerte del amor hacia los padres. El permanente
desdén por toda forma de autoridad. La frustración de no poder mortificar a la
despreciada mayoría. Y además de eso, las distorsiones más profundas, más
malignas... El autoconvencimiento de que la sociedad tenía la culpa de su
sentimiento de inadaptación, y que era necesario destruir a esa sociedad para
sentirse adaptado. Infligir dolor y miedo, para satisfacer el ego hambriento.
La rendición total de la razón frente a la ilusión de estar inspirado por una
especie de ira divina. La elección de una meta inalcanzable, de modo que los
medios violentos pudieran continuar y continuar. El orgasmo producido por el
acto de sembrar desolación.”
Es el terror que Drew ve sostenido por el
imperialismo de la entonces expansionista Unión Soviética.