viernes, 25 de marzo de 2016

EL GOLPE DE GRACIA, de Joseph Kessel (Pomaire)

Título: El golpe de gracia
Autor: Joseph Kessel (1898-1979)
Título original: Le coup de grâce (1931)
Traducción: Virginia Cruzat
Editor: Editorial Pomaire (Santiago de Chile; Buenos Aires)
Edición: 1ª ed.
Fecha de edición: 1966-04-15
Serie: Grandes novelas de hoy #112
Estructura: introducción, 8 capítulos, epílogo, apéndice fotográfico, bibliografía
Información sobre impresión:
Cazando hienas, de Carlos Goldberg, fue impreso y terminado en abril de 2010, en Encuadernaciones Maguntis, Iztapalapa, México, D.F. Teléfono: 56 40 90 62

Información de solapas:
Esta novela relata la historia de una amistad viril, apasionada a veces, que llega hasta la traición, para después volver a su más intransigente pureza. Para el sargento Hippolyte, verdadera fuerza de la naturaleza a las órdenes del ejército colonial, Mehemet Pachá es un personaje revestido de un misterio y de un prestigio incomparable. Eminencia gris para todos los Estados del Oriente Medio, Mehemet reina en la sombra, desde el centro mismo del poder, al que confluyen las más secretas informaciones y desde donde emanan órdenes implacables que luego son puntualmente ejecutadas por un ejército invisible. El entusiasmo de Hippolyte no conoce límites cuando se entera que este hombre poderoso y secreto no es otro que su superior, el comandante Féroud, a quien en un comienzo había despreciado por su apariencia endeble. Desde ese descubrimiento, jamás un jefe pudo ser tan profundamente comprendido ni mejor obedecido por su subordinado. Hasta el día en que Hippolyte descubre que su ídolo no es más que el esclavo de una esclava, una cortesana libanesa que lo somete y lo humilla, una criatura tonta y pueril que se precipita entre ambos hombres y los arroja uno contra el otro. Al relatar este drama y su desenlace, Joseph Kessel prueba una vez más su maestría en el conocimiento de los recovecos del corazón humano, y evoca de manera inolvidable el Medio Oriente, con sus aventureros y mercenarios.

JOSEPH KESSEL
Nacido en Argentina, de padres rusos, hace sesenta y ocho años, Joseph Kessel pasó su infancia en los Urales, en los límites entre Europa y Asia. A los diez años comienza sus estudios de francés, primero en Niza y luego en París, en el Liceo Louis-le-Grand. Admitido en el Conservatorio de Arte Dramático, fue después redactor del Journal des Débats y, finalmente, se enrola en la aviación en 1916. En 1918, su escuadrilla parte para el Extremo Oriente, lo que le dará ocasión de efectuar su primera vuelta al mundo. Terminada la guerra, prosigue con su carrera de gran periodista internacional, la que no hace sino prolongar una actividad literaria jalonada de estruendosos éxitos, tales como La Estepa Roja, El Ejército de las Sombras y El Equipo. Llegada la segunda guerra mundial, Joseph Kessel actúa en ella como oficial de las fuerzas aéreas de la Francia Libre. Después de la liberación pública, en 1950, su obra más ambiciosa: El Cuarteto de París, un gran fresco compuesto de cuatro novelas: La Fuente de Médicis, El Caso Bernan, Los Laureles Rojos y El hombre de yeso. En 1962, Joseph Kessel es elegido miembro de la Academia Francesa.

MI COMENTARIO:
La novela cuenta la historia de un triángulo de obsesión, violencia y celos entre dos militares franceses, el sargento Hipólito Birbard y el comandante Féroud, y Violeta, amante de éste y enamorada de aquel. Todo ocurre en los días en que Siria y el Líbano eran colonias de Francia. Hipólito es un personaje fornido, guapo, pendenciero, mujeriego, consumidor de varias drogas; Féroud aparece como su contracara: un individuo pequeño, refinado, cortés, misterioso y distante. Violeta es una bailarina egipcia de 15 años, prostituta desde su infancia.
Féroud convoca a Hipólito para pedirle que lo remplace en sus funciones mientras hace un viaje por los países árabes; entonces le revela que es conocido en esos lugares como Mehemet Pashá. Hipólito, consternado, no lo puede creer: Pashá es toda una leyenda en el Medio Oriente, responsable de hazañas dignas de un semidiós. Queda fascinado con esa improbable encarnación de la leyenda:

El orgullo que de súbito ardió en la sangre de Hipólito, helado por la droga, no se parecía en absoluto a aquel otro —pesado, seguro, insolente— que lo envaraba en su vida como un torno. El orgullo con que lo llenaban las palabras de Mehemet Pashá era dulce, insinuante y en cierta manera, tímido. Que tal hombre hubiese juzgado necesario conocer a fondo su existencia henchía de una gratitud respetuosa al antiguo sargento. Pertenecía a Mehemet.

En cierta forma, Hipólito se enamora de Féroud; de una forma viril, pero que implica un gran celo sobre su persona. Pero en el medio aparece Violeta, a quien el soldado conoce en un bar de Beirut, propiedad de un amigo suyo. La chica se enamora de él, y comienzan una fogosa relación.

Ésta, en la actitud de una niña a quien hubiesen golpeado, fijaba unos ojos llenos de temor en las manos de Hipólito. Nadie le había hablado jamás de esa manera. En el establecimiento de Arthur, sólo frecuentado por hombres cuya edad o cuya fortuna los inclinaba a la indulgencia, ella era una reina por su belleza, su alegría, su frescor. No obstante, no tenía deseos de partir, de irse a una mesa más acogedora para sus fantasías. Admiraba a Hipólito por sus hombros anchos, por la manera bestial con que mordía su cigarro, por sus dientes fuertes e intactos, por el color agua de mar de sus ojos, tan claros en el halo que cubría su rostro. Y esa palma que acababa de posar sobre su nuca...

Pero el fuego no dura: Hipólito se entera que su adorado comandante es el amante de la pequeña, proveedor de los lujos que calman sus caprichos. Enfurecido, va al cuartel decidido a matarlo; sólo lo hiere, porque la locura que se apodera de su mente le impide eliminar a su verdadero “amor”. Hipólito termina preso, pero Féroud lo necesita: Violeta se niega a seguir viéndolo mientras no libere a su amado. Éste obtiene su libertad, pero cae en la desesperación al ver al mítico Mehemet Pashá humillarse por una simple prostituta. Deprimido, rehúye de Violeta, y ella ve en él a un hombre acabado, decidiendo volcarse de lleno a su relación con el comandante. En un encuentro final y trágico de los tres, paga con su vida para que los dos hombres sellen su destino común.
Es interesante cómo Kessel plasma su vistazo a estos tres personajes: con descripciones breves, sobrias pero pasionales, muy certeras y con un gran nervio dramático, invadido de destellos poéticos. Todo es parte de un juego fatal: el deseo y las obsesiones tienen a la violencia y la muerte como destino.

Así marchaban a través de la muchedumbre abigarrada y sórdida de Beyruth estos dos hombres, trágicos y acosados, con la insensata ilusión de no ver jamás terminada aquella carrera el uno, con un deseo igualmente demente de encontrarse ya al final el otro.
El mar se divisó a lo lejos. Aquella extensión sin límites, tan dura en su destello y en su tranquilidad, les hizo tomar brutalmente conciencia de sí mismos. Al mismo tiempo, detuvo aquel impulso, aquel vértigo... Hipólito comprendió que la remisión llegaba a su fin. El fatal encadenamiento proseguía. Le era preciso cargar otra vez el fardo de su odio. Y Mehemet Pashá, en lugar de los ojos y la boca de Violeta, vio, maciza y sombría, tremendamente viviente bajo el resplandor del sol, la figura del sargento.

El golpe de gracia es un canto a la virilidad y la homofilia, pero también a la fatalidad de la belleza y la femineidad. Mehemet Pashá es una especie de Lawrence de Arabia francés, incluso más poderoso: un jefe de inteligencia militar con una doble personalidad que le sirve para regir la política árabe desde las sombras. Viendo la forma en que campea el terrorismo islámico en Europa últimamente, me pregunto si no sería necesario alguien así hoy en día.


ADAPTACIÓN CINEMATOGRÁFICA:
La versión fílmica de la novela de Kessel fue titulada Sirocco. Dirigida por Curtis Bernhardt y estrenada en 1951, contó con las actuaciones de Humphrey Bogart (Harry Smith), Märta Torén (Violette), Lee J. Cobb (Col. Feroud), Everett Sloane (Gen. LaSalle), Gerald Mohr (Major Jean Leon) y Zero Mostel (Balukjiaan). En España se tituló Siroco, y en Hispanoamérica, Intriga en Damasco.