viernes, 2 de octubre de 2015

EL ESPIA, de Máximo Gorki (Edisven)

Título: El espía
Autor: Máximo Gorki (1868-1936)
Título original: Жизнь ненужного человека (1908)
Traducción: R. Devil
Cubierta: Antonio Bernal
Grafismo: Studi
Editor: Edisven (Barcelona)
Fecha de edición: 1969-09
Serie: Libro de bolsillo Picazo #39. Clásico #14
ISBN: 978-84-7218-054-3 (84-7218-054-9)
Depósito legal: B. 29137-1969
Estructura: 22 capítulos
Información sobre impresión:
Gráficas Saturno - Andrés Doria, 29-31. Barcelona - 3

Información de contracubierta:
La amarga historia de un adolescente que, para sobrevivir, se ve inmerso en un turbulento mar de insidias, en el marco de la Rusia de los Zares.
Máximo Gorki, que al igual que todos los grandes novelistas rusos, demostró un gran amor a los humildes, nos relata, en estas páginas, escritas con gran fuerza narrativa, las desventuras de este pobre muchacho, desamparado y sin familia, aprovechando el motivo para hacer una desgarrada pintura del entorno social de los bajos fondos de aquella sociedad.
La realidad viviente de sus personajes y el ambiente lúgubre en que se desenvuelven son tan perfectos que habría que remontarse a Dostoievski para hallar algo semejante.

MI COMENTARIO:
Me costó identificar el título original de esta novela corta de Máximo Gorki, ya que en el libro no figura. Se trata de Zhizn' nenuzhnogo cheloveka (en cirílico Жизнь ненужного человека), que en español se editó varias veces como La vida de un hombre inútil. Al parecer, El espía fue el título original que pensó Gorki para esta obra. Curiosamente, la editorial Edisven lo recuperó para esta edición de 1969.

Evsei Klimkov es un niño de la campiña rusa. Queda huérfano de padre a los cuatro años y de madre a los siete. Por un tiempo se hace cargo de él su tío Piotr. Es un chico temeroso de las cosas, que se siente distinto a los demás y que sabe apreciar la solidaridad. Lo apodan el Viejecito por su aspecto debilucho. Una vez terminada la escuela es llevado por su tío a una ciudad, donde pasa a ser empleado de Matvei Rasponov, un anciano librero. Evsei observa que el viejo tiene trato con un sombrío personaje, Dorimedonte Lukich, que resulta ser un agente de la policía secreta del Zar. La librería funciona como pantalla para identificar revolucionarios que vienen en busca de libros políticos. Rasponov vive junto a una mujer, Raisa Petrovna, con la que mantiene una relación tensa, por momentos violenta. En un ataque de ira, Raisa ahoga a Rasponov con una almohada. Dorimedonte se hace cargo de la situación, de Raisa (que pasa a ser su amante) y de Evsei, que ingresa a la policía secreta como aprendiz de espía. Comienza copiando listas de sospechosos políticos y termina siendo un agente de campo, siguiéndolos y vigilando sus movimientos.
Este mundo secreto resulta ser una minisociedad con reglas propias y afinidades personales tan variadas que producen en Evsei una química extraña, alimentada de sensaciones exteriores y de la incomprensibilidad de su propia vida. Sentirse parte de algo le sirve para descubrir la esperanza, la posibilidad de que el mundo va a mejorar muy pronto. Conoce el sexo gracias a Raisa, aunque la experiencia con ella le parece triste y desagradable. Tiempo después, Raisa se suicida, no sin antes anticiparle a Evsei que él hará lo mismo algún día. Esta profecía perseguirá por el resto de sus días al nuevo espía.
Klimkov va conociendo los gajes del oficio. Un espía veterano le cuenta las bases del permanente estado de desconfianza en el que viven los rusos:

—Estos individuos son agentes de gobiernos extranjeros, de Inglaterra, principalmente —manifestó a su vez el jorobado con voz pausada y clara—. Reciben importantes sumas para revolucionar al pueblo ruso contra la autoridad y debilitar el poder de nuestro Gobierno. Los ingleses obran así para impedir que les quitemos las Indias.
Y así continuaron explicando a Evsei unas cosas que él no entendía; cuando el uno callaba volvía a empezar el otro. A Evsei le parecía que iba, por fin, a comprender algo que le explicaría la vida, los hombres, sus desgracias y sus cóleras aborrecibles. Y se sentía gozoso de ver cómo dos personas inteligentes e instruidas le hablaban como a un igual. Su corazón se henchía de un sentimiento de gratitud y de respeto infinitos hacia aquellos pobres hombres mal vestidos que se preocupaban con tanto fervor de la organización de una existencia mejor. Pero poco a poco su cabeza se iba haciendo pesada cono si la hubiesen llenado de plomo, y fue cerrando involuntariamente los ojos...

El joven termina por formar parte de esta maquinaria clandestina, una sociedad secreta con sus propias virtudes y perversiones:

Evsei esperaba, pues, encontrarse con personas austeras, de una perspicacia casi milagrosa, conocedoras de todos los arcanos. Pero al verlos de cerca, persuadióse de que ninguno de ellos poseía facultades extraordinarias; a su entender, no eran ni mejores ni peores que la mayoría de los mortales.
Pero acaso estaban más unidos que muchas otras agrupaciones. A veces, cuando uno de ellos se retrasaba, los otros camaradas sentían verdadera inquietud y mandaban a Evsei o Zarubin, o a alguno de los “novatos”, en busca del ausente.
Se deleitaban contándose las debilidades de sus jefes y describiendo las características de las cortesanas que frecuentaban y discutían con ardor acerca de los diversos procedimientos de relación sexual. Los más eran jóvenes y solteros, y para todos en general la mujer era un calmante, un narcótico como el alcohol; ellas les hacían olvidar el constante ajetreo de aquel maldito oficio. Muchos eran los que llevaban consigo fotografías obscenas que todos examinaban con malsana curiosidad. Evsei sabía que algunos de sus colegas eran pederastas, homosexuales, que muchos padecían de enfermedades venéreas y que casi todos bebían, anegando en cerveza, aguardiente o coñac, sus pesadumbres.
Pocos eran los que cumplían su deber celosamente.

Pero nada cumple su promesa. El clima político se enrarece, se pierde una guerra con Japón, hay manifestaciones y represión (se menciona el Domingo Sangriento del 22 de enero de 1905). El zar cede y se produce una tímida reforma constitucional (convocatoria de la Duma Imperial del 27 de abril de 1906). Desde la policía secreta se combate esta apertura agitando al pueblo con conspiraciones difusas e incentivando el odio hacia los revolucionarios. En el transcurso de un mitin, Zarubin, compañero de Klimkov, es asesinado por un supuesto agitador, que a su vez es destrozado por la multitud. El baño de sangre acaba con las esperanzas de Evsei, que ve cómo la profecía de Raisa está cerca de concretarse...
Gorki entrega con El espía un relato sentido, tan duro como tierno, tan desesperado como esperanzado. La ambigüedad de la vida se muestra como pocas veces en una novela política. La utopía está a la vuelta de la esquina, pero los individuos viven en un estado de tinieblas tal que no pueden encontrarla. Los sueños se estrellan contra una pared de brutalidad e ignorancia. Pero más allá de las derrotas, Gorki rinde testimonio, con una técnica literaria perfecta, del corazón de un muchacho llamado Evsei Klimkov.

Buscando información sobre esta novela, encontré un ensayo muy interesante sobre el cine soviético, en donde se hace un análisis de la novela más famosa de Gorki, La madre, contrapuesta con otros de sus relatos, más oscuros, principalmente El espía. Se trata de Stalinist Cinema and the Production of History (2008), de Evgeny Dobrenko. Recomiendo la lectura del análisis que hace, en el capítulo 5, de la utilización de La madre por el cine oficial de la URSS, y cómo contrasta esta novela (que finalmente Gorki repudió) con El espía, una obra que muestra la ambigüedad de lo que llama la “gente prohibida” (los espías, detectives y provocadores del régimen que actuaron durante el final del zarismo). Es importante la comparación entre Gorki y Dostoievski: el primero trató en sus libros sobre los que estuvieron “del otro lado de las barricadas” (los agentes del Estado), oponiéndose a lo que él llamaba el “Dostoievskismo” mediante la inversión de los roles de sus personajes políticos. Dobrenko descubre que Gorki se anticipó siete décadas a la tesis de Michel Foucault de que el poder crea su propio "ejército criminal secreto" para controlar al conjunto de la sociedad. Ahora bien, ese mundo de las “personas prohibidas” está unido: el Estado (y más aún, el Estado policial) no puede existir sin la disidencia y los “revolucionarios”, mientras que los “criminales políticos” y la policía secreta son, en el fondo, un solo organismo. Aquí un link con el texto completo: