viernes, 29 de julio de 2016

EL SINDICATO DEL CRIMEN, de Peter McCurtin (Novaro)

Título: El sindicato del crimen
Autor: Peter McCurtin (1929-1997)
Título original: The Syndicate (1972)
Traducción: Héctor D. Shelley
Editor: Editorial Novaro (México)
Edición: 1ª ed.
Fecha de edición: 1976-06
Serie: Cuadernos de la mafia #12
Estructura: 12 capítulos
Información sobre impresión:
Esta primera edición de 25,000 ejemplares se terminó de imprimir el día 30 de junio de 1976, en los talleres de Organización Editorial Novaro, S.A., Calle 5, Nº 12, Naucalpan de Juárez, Estado de México

Información de contracubierta:
James Broderick, pistolero de la Mafia, tenía que penetrar a un castillo irlandés para matar a C. Alex Ritter, un neofascista tan despiadado que hacía que Hitler pareciera inofensivo en comparación con él. Broderick tuvo que deshacerse de los esbirros de Ritter, sólo para toparse con una hermosa pelirroja que casi hizo que olvidara su misión...
La más impresionante novela de la Mafia internacional

MI COMENTARIO:
Hay veces en que en una novela se mezclan dos o más géneros. A primera vista, El sindicato del crimen es otra integrante de la ola de ficción sobre la Mafia que tuvo su pico en los ’70. Sin embargo, como la vi incluida en la colección italiana Segretissimo, la serie de novelas de espionaje más larga del mundo (aún activa), decidí leerla para conocer su contenido y determinar si correspondía añadirla a mi corpus de obras sobre espías publicadas en español.
Me encontré con una historia de la Mafia distinta. Aquí la organización criminal aparece como una verdadera potencia mundial, encarnada por Edouardo Maggiora, un anciano débil pero implacable, que se enfrenta a una estructura similar, oculta y poderosa: un movimiento neofascista que quiere eliminarla y reestructurar el sistema mundial según sus principios. Está encabezada por C. Alex Ritter, un adinerado empresario de origen italiano, que vive en un impenetrable castillo en Irlanda. El Gran Juego de conspiración, intriga y muerte que suele ser el eje de la novelística de espionaje, aparece aquí renovado con nuevos actores.
Don Edouardo llama a su sobrino James Broderick, ex marine, ahora un sicario de fama mundial, para que mate a Ritter. Al estilo de las películas de James Bond, se le informa en una reunión secreta sobre el objetivo y las motivaciones de este contrato de muerte:

—Bien —replicó Giacinto, al parecer no con mucha confianza en mi memoria—. Todas las propiedades de Ritter fueron confiscadas después de la guerra. Ritter, el joven Ritter, por supuesto, entabló una demanda y, después de cierto tiempo, logró recuperar todo. En 1950 ya era un elemento de importancia en el movimiento neofascista, y en 1952 fue encarcelado por actividades en contra del estado. Su principal periódico, Il Martello, llamado así en honor del que fuera periódico de Mussolini, fue retirado de la circulación. Cuando esto sucedió, Ritter salió del país y se fue a vivir a España, y luego a Irlanda, donde se nacionalizó ciudadano. Tener dos ciudadanías es algo relativamente común en Europa. Ritter es el autor de El Nuevo Inicio, un libro del que el crítico de Times Literary Supplement dijo que era una versión racional de Mi Lucha. Ritter goza de gran respeto en Irlanda porque...
—Para precisar —terció don Edouardo—, Ritter tiene más dinero del que Irlanda jamás ha visto. Ese cerdo es un fascista y quiere que el fascismo vuelva. ¿Por qué mueves la cabeza? Sí, ya sé que muchos hombres quisieran que volviera al fascismo, pero en su mayoría son chiflados impotentes, y este hombre sí puede hacer algo, y eso no sería bueno para nadie. Italia empieza a tomar ese camino, y lo mismo le pasa a este y a otros países. Hay crímenes en las calles, terroristas con bombas, películas pornográficas y adolescentes que se orinan sobre la bandera.

Broderick viaja a Dublín, donde llama la atención de distintas formas para obtener información sobre Ritter y su castillo. En un país que vive con temor por los continuos actos de violencia política en Irlanda del Norte, debe pasar por una requisa policial que despierta sospechas.

No podría decir cómo es Dublín: quizá como Boston, pero más grande, con avenidas más amplias, más luces neón y definitivamente más bicicletas. O como París en 1938, después de una buena lluvia. En los suburbios vi casas con muros de cal y techos rojos, con palmeras en los jardines.

Pronto contacta con Paddy Costa, un mafioso conocido de don Edouardo, que le facilita armas para su misión y valiosa información sobre el castillo. Frecuentando las tabernas de la ciudad, Broderick espera conocer gente perteneciente al movimiento. Charlas y peleas dan como resultado una breve estadía en la cárcel. Allí tiene tiempo para interesantes reflexiones:

Pensé en don Edouardo, quedándose dormido sobre sus frascos de medicinas, tras la gran mesa de su estudio, allá en la isla Cutler, en Georgia, y tuve que sonreír. Él nunca me había mandado a matar huérfanos o viudas; yo creo que él me reservaba los trabajos realmente agradables, y creo que lo mismo sucede en la CIA. Los tipos malos de la CIA son los que reciben órdenes de matar a los buenos enemigos: bondadosos santones de la izquierda, negros emuladores de Ghandi o las ebrias ex amantes de los senadores importantes. Los buenos agentes de la CIA son los que reciben órdenes de liquidar a gente como Castro, Allende o Eldridge Clavers. O sea, los buenos agentes contra los enemigos malos, ¿de acuerdo? Yo sé con seguridad que la CIA tiene agentes cuya única misión es eliminar a don Edouardo; lo único que han logrado hasta la fecha es eliminar a algunos de sus socios más cercanos; y, por supuesto, las muertes han sido accidentales, o eso, cuando menos, es lo que han informado los periódicos: famoso pandillero fallece de un ataque al corazón; jefe de la Mafia que se ahoga en Miami o personaje del hampa que fallece al caer un ascensor. Cosas así.

Después de más apariciones en los pubs y una huída de sujetos que lo siguen, Broderick viaja hasta Drumgoole, un poblado del norte del país, cercano al castillo. Mientras espía a la distancia la sede de Ritter, es atrapado por dos de sus colaboradores: Anthony Jameson, un militar inglés retirado, y Nora DeCourcy, una psicóloga adscripta al grupo clandestino. Trasladado al castillo, es brutalmente torturado para que revele su verdadera identidad. Logra hacerles creer que es otra persona, Jack Dorf (persona que en realidad está muerta) y que quiere ingresar a su organización. Gana tiempo y accede a que Ritter lo llame, interesado por este supuesto propósito. Puede conocer entonces la actualización que hace este futuro líder mundial del pensamiento fascista:

—Yo soy capitalista; eso, cuando menos, es lo que dicen que soy, y es verdad que ese término, como se entiende hoy en día, me define —continuó Ritter, sin sonreír—. En el nuevo mundo que crearemos, la palabra capitalismo no tendrá significado alguno. El delito, o sea la conducta criminal antisocial, desaparecerá por completo; los conceptos tradicionales de castigo o rehabilitación serán obsoletos: las personas con comportamiento antisocial serán liquidadas, para emplear un término de los comunistas. Los genios que rayan en la demencia, los poetas del caos, como Villon, Genet o Benhan, deben perecer al lado de los criminales y los ladrones. ¿Qué eso es inhumano? De ninguna manera: ¿para qué encarcelar o rehabilitar, si el mundo está amenazado por la sobrepoblación? ¿El arte? Es la esencia misma de todo lo neurótico y es antisocial por su misma naturaleza. Debemos aspirar, con toda nuestra inteligencia y nuestra fuerza, a eliminar el individualismo antisocial del hombre. Hacer que desaparezcan los odios raciales y las diferencias entre individuos, pueblos y razas.
[...]
—Negros, amarillos y blancos..., todos deben formar una sola raza —agregó Ritter—; y para eso debe haber un gobierno mundial que obligue a este estado de cosas. Llegará el día en que impongamos un lenguaje mundial que elimine los antiguos conflictos y las eternas rivalidades entre las razas y los pueblos de toda la tierra. Así crearemos una nueva raza, una raza verdaderamente humana que será como ninguna otra que haya existido en nuestro planeta. Yo veo, en el futuro, un mundo en que sólo la habilidad, la inteligencia y la obediencia serán importantes. Habrá una clase que trabaje y otra que gobierne, porque, sobre todo, debe haber orden.

Jameson y DeCourcy no están de acuerdo con todo lo que plantea Ritter, y planean eliminarlo para tomar el control del movimiento. Se deciden a darle la tarea a Broderick, quien aparenta aceptar. Sin embargo, es capaz de ejecutar una trampa para destruirlos a todos (no sin antes hacer el amor a Nora) y escapar con vida.
El relato de McCurtin es crudo, sobrio, brutal por momentos, muy efectivo para transmitir la idea de cómo trabajan los asesinos profesionales. Es una vida sin glamour, con mucha opacidad, pero que tiene esos momentos únicos de peligro y astucia. El final es quizás demasiado contundente, dejando la sensación de que pudo haber más.